Balls and Bollocks

No somos bichos raros. No tenemos la culpa de que a tu hijo lo estén criando tus padres. No quieras hacernos responsables de que lo acuestes exiliado, en una cama extraña para él, insensible a sus llamadas y lágrimas, para que puedas descansar. Es el precio del conductismo. Si un día le compráis un hámster, llamadle Estivill.

No somos hippies. Nuestros hijos no crecen como la mala hierba, sin  nadie que la siegue. No nos culpes porque un amigo de un amigo de una amiga tiene unas niñas que son unas pequeñas tiranas. La falta de amor y comprensión es lo que conduce a la tiranía.

Lo único que hacemos es preocuparnos -y ocuparnos- de nuestros hijos. Porque llevar a tu hijo no es lo mismo que conducirlo, por eso un foulard siempre será mejor que cualquier cochecito. Porque colechar no es malacostumbrarlo, es forjarle una base para que crezca seguro de sí mismo y confiado. Porque jugar con él no quiere decir sentarlo delante de la TV mientras te lees el periódico o esa nueva traducción de Céline. Porque jugar para él es aprender. Porque, para él, aprender lo es todo. Tú, vosotros, sois el referente. Sois Dios, ahora que le habéis regalado cualquier juguete que ya andará arrinconado bajo el sofá.

Porque un niño no es algo que te toque en una tómbola, no es un disco duro formateado en el que verter tus mierdas y neuras. Es una persona que te ha sido dada con una misión: que crezca feliz y sano. Si no eres capaz de verlo así, te mereces que se sequen tus entrañas.

Y porque un niño no es sólo cosa de mujeres. Los padres tenemos mucho que decir. No tenemos tetas, no tenemos leche, pero tenemos todo lo demás. Hay que reivindicar la paternidad respetando a la criatura a la que has insuflado vida.

Estoy saliendo del armario.

 


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