Tengo esto abandonado últimamente. No, no he dejado de ser padre. Todo lo contrario. Estoy siendo más padre que nunca. Por eso la pereza de sentarme a escribir.
Hace poco más de un año me quedé en paro. Decidimos que el primer año lo dedicaríamos a Nidia y a cuidar yo de la pequeña. Muchas cosas han pasado desde entonces. El funcionario que todo español lleva dentro pugnaba por estudiar la oposición que me estaba preparando. Gracias a la crisis no va a haber nuevo empleo público. Y yo voy a dedicarme a lo que sería el plan B, que poco a poco ha ido deviniendo plan A: voy a ser padre de día. Porque si queremos cambiar esta mierda de mundo tenemos que cambiar la mirada a la infancia. Porque hay que intentar que los bebés se sientan queridos para luego desarrollar pensamiento crítico y actitud punk. Así sí podrán cambiar el mundo.
Porque, después de cuarenta años, por fín me he despojado de mi gen egoísta.
Celébrenlo conmigo.